Una herramienta, tres trabajos: organizar tu cartera, hacer que tus clientes se queden, y conseguir prospectos nuevos sin gastar en publicidad. Esto es todo lo que incluye tu cuenta.
No es un CRM. Un CRM sirve para perseguir una venta; tu trabajo empieza cuando el cliente ya firmó. Esto es un gestor de pólizas — un sistema de gestión de agencia, la categoría que de verdad corresponde a tu oficio: sabe qué es una prima, un ramo, un endoso y una vigencia.
Separas la prima neta del IVA y los derechos de póliza, pones tu porcentaje de comisión —en Auto te lo sugerimos según el tipo de vehículo, en el resto lo capturas tú— y el sistema hace la cuenta. Un reporte de cuánto colocaste por mes, trimestre o año, con la comisión de cada periodo, listo para revisar cuando quieras.

No empiezas de cero ni capturas doscientos clientes a mano. Subes el archivo que ya usas — el Excel de siempre, o la lista que te pasaron —, el sistema lee las columnas, te muestra lo que encontró y tú confirmas antes de que se guarde nada. Si un cliente ya estaba, o le falta el nombre, te lo dice y sigue con los demás en vez de detenerse. Y el día que quieras irte, la puerta es igual de ancha: descargas toda tu información en un archivo, sin costo y sin pedir permiso.

Escríbele a un cliente o a los que elijas, desde el mismo lugar donde ya llevas sus pólizas. Promociones, recordatorios o un simple "cambié de número" — tú decides a quién y cuándo. Le llega por correo y como notificación a su celular, no solo a una bandeja que capaz no revisa.

Tu cliente registra sus autos y lleva su control ahí: anota su kilometraje, escoge si le da servicio cada 10 o cada 15 mil km, y le avisamos a él antes de que le toque. Si su estado exige verificación vehicular, también se lo recordamos. Y cuando tiene un auto sin asegurar, te lo manda a cotizar con un botón — sin que tú tengas que preguntar.

Para tus clientes con póliza de Vida: ordenan el gasto de su familia con la regla 50/30/20 — cuánto va a necesidades, cuánto a gustos y cuánto al ahorro — y ven cuánto llevan gastado de cada cosa. Sus números se quedan en su teléfono: ni tú ni nosotros los vemos. Tú quedas como el asesor que le enseñó a ordenar su dinero.

Si capturaste su fecha de nacimiento, te avisamos cuando cumple años —hoy o en los próximos días— con un acceso directo para felicitarlo por WhatsApp desde tu lista de clientes. Un mensaje que no vende nada, solo te mantiene presente.
El ejercicio con el que arranca todo agente: tu lista de 100, 200 o 300 conocidos, y llamarlos uno por uno. Aquí la llevas ordenada — en qué va cada quien, qué pasó en la última llamada y a quién te toca marcarle hoy. Si ya la tienes en Excel, la subes de una vez. Llamas o mandas WhatsApp desde la misma pantalla, sin copiar números. Y cuando alguien te compra, se vuelve tu cliente con un clic, con sus datos ya cargados y listo para darle de alta su primera póliza.

Tu tarjeta trae un formulario. Quien lo llena te deja su nombre, su teléfono, su correo y qué quiere cotizar. A ti te llega un correo al instante y el prospecto se guarda en tu bandeja marcado como prospecto, junto a las solicitudes de tus clientes. No se te pierde entre los chats ni depende de que te acuerdes de contestarle.

Una calculadora de brecha de retiro con tu nombre, lista para compartir por separado en anuncios o publicaciones — no solo desde tu tarjeta. El prospecto contesta unas preguntas, ve cuánto le falta para su retiro en pesos de hoy, y te llega su resultado como una solicitud nueva. Ideal para vender Vida y PPR sin empezar la conversación en frío.

Tu propia liga del ANF que ya conoces: el prospecto contesta su ingreso, deudas y gastos finales, y ve al instante cuánta protección de vida le falta a su familia si él faltara. El resultado te llega como una solicitud nueva, igual que el cotizador de retiro — el mismo "golpe de realidad" que usas en consultoría, ahora en una liga que compartes tú mismo.

Tu cuenta queda activa de inmediato. Cancela cuando quieras.